Relato del 16° Concurso “Sin Presiones” Expresión Escrita de lxs Trabajadorxs

 Título: El idealista cara de vaca, por Jacob Schlesinger

Recién bañadito y empilchado bien bacán

“Trae amuletos colgando, ?                                                                                                                                                      A sus anillos mostrando,                                                                                                                                                     Camina con elegancia,                                                                                                                                                             Su piel define el color que lleva toda su raza.. ??

 La  onda es bien Marsellesa ??                                                                                                                                                 Trae pulseras de plata,                                                                                                                                                              Zapatos color mostaza,                                                                                                                                                           Sus dientes color marfil que cuando ríe resaltan…” ??

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Con un espejito de bolsillo relojeaba la influencia de la brisa en su nuevo tecor, el que tenía por haber cedido a las insistencias de su entorno:

 

–”hasta que te hayas retratado”.

 

Su deseo era distinto…

Para él, esa calvicie que se propagaba desde la frente hacia el resto de la cabeza, era una de las formas en que se manifestaban las «transformaciones» de su cuerpo por el paso del tiempo, y consideraba algo ridículamente «antidialéctico» intentar ocultarlo.

Como ese flequillo arrancaba desde la mollerita, naturalmente, tenía una longitud superior a todo lo demás, y según su modo de ver, tal cosa no sería un obstáculo sino más bien un impedimento para continuar con su vida de forma natural.

Además, consideraba completamente inaceptable hacer el esfuerzo de fingir coherencia… porque no estaba dispuesto a “coparse y ponerle onda” a un asunto que, sencillamente, le resultaba «incognoscible».

Iba camino al taller de lo que en aquella época se llamaba “retrato carnet”.

Como siempre, disponía de un cómodo margen de tiempo para llegar y, en sintonía con su entusiasmo, de camino se encuentra con una enérgica y concurrida asamblea que recreaba un clima de Mayo francés (el primero), cuando el tercer estado empezaba a tomar envión.

Y en eso que el último orador estaba cerrando su intervención, fue que sintió como si el perpetuo «movimiento dialéctico» se interrumpiera con un atentado paralizante… la experiencia fue tan indeseable y tan traumática, como ser arrebatado con el cocacho de un transformer.

Su motivación por la dinámica que tomaba ese acontecimiento, por estar siendo parte del último entrenamiento antes de salir a la cancha, atendiendo los últimos movimientos de la instancia en que un sujeto se supera haciendo una «síntesis», mientras él introspectivamente proyectaba que ese «sujeto» se dirigía de forma invariable hacia la satisfacción de un «deseo humano», porque en cada intervención, inmediatamente después de redondear un punto, el orador propinante lo respaldaba científicamente citando con pertinencia alguna definición de «Las ideas de la ilustración».

Las lecciones de la Asamblea de Julio, y su relación con el contexto, inmediatamente anterior y posterior, hacía que, esa jornada en que se daba cita la «democracia directa» y que había iniciado siendo una actividad deportiva «con fines recreativos», ya se encontraba en transición hacia la superación de esa afición por un entrenamiento disciplinado, que esté regulado por lo que se entiende como «disciplina voluntaria», de manera que transformen su condición de meros “practicantes aficionados de un deporte con fines recreativos” para ser “atletas profesionales en el deporte que transforma revolucionariamente la realidad”.

Desde la masa, había un par de ellos que hacían la propuesta de responder al orador, con la entonación de las primeras estrofas de “La Marsellesa” interpretada en su francés original, y modulada de manera perfectamente inteligible debido a sus proximidades regionales, del mismo modo que en provincias del norte argentino hay personas hispanohablantes de nacimiento que se convierten en políglotas capaces de comunicarse con lenguajes originales como el quechua o el guaraní.

Las primeras huelgas del siglo XIX hallaban al proletariado alemán en una etapa de incipiente juventud, recién arrancado de sus talleres, todavía sin sindicatos, todavía sin haber podido lograr la reunificación, todavía sin organizar sistemáticamente imprentas clandestinas, pero, ya haciendo sus primeras experiencias insurreccionales, ya levantando barricadas para que sus asambleas no terminen antes de llegar al punto resolutivo, ya haciendo piquetes de autodefensa para que los actos no lleguen a su fin sin que haya tomado la palabra hasta el último orador u oradora de la lista, porque los balances de la «Restauración» no eran para cerrar un período, sino para encarar la nueva etapa.

La velocidad que tuvo la ola migratoria hacia las ciudades, terminó siendo una exigencia desproporcionada para lo único que los burgueses industriales no pensaron en innovar: las redes cloacales.

Sin mencionar el estado escatológico de los ríos situados en los centros industriales como el Támesis en Londres, o el Sena en París; los virus zoonóticos por la convivencia de poblaciones de roedores y de personas, con una densidad al nivel de hormigueros, altos índices de ocupación combinados con la completa inexistencia de lo que Antonio Gramsci categorizó como «Estado Integral», los columnistas de la prensa burguesa que hacían apología del trabajo infantil, y un largo etcétera, configuraron las circunstancias para que ahí y en toda Europa tenga inicio el período revolucionario más prolongado de toda la historia.

La improvisación predominante en los primeros enfrentamientos se debía, naturalmente, a que casi toda su vida consciente había transcurrido laburando en su taller, viviendo en su barrio, yendo a comprar con su perro, y entablando una relación cualitativa con su trabajo, porque compraba los materiales, lo armaba de principio a fin y después lo vendía; y la revolución industrial fue a cerrarle su taller, a garronearle las herramientas, a vaciarle el barrio, enfermarle el perro, a ponerle horario de entrada y de salida, incluso a ponerle un inflexible horario para comer; ah… pero eso sí, porque la «Revolución Industrial» llegó para “liberarlo” de tener que buscar los materiales, comprar herramientas y acordar con el cliente.

El desenvolvimiento de los eventos llevó a que desde el vamos, ese nuevo «sujeto social», pase a manejar las palancas de la economía desde el interior de «los medios de producción». Un verdadero Caballo de Troya. Aunque no estaría relatado de un modo épico, porque no hay Odiseo, ni Epeo, ni diosa Atenea, ni tampoco hay griegos, ni troyanos cagándose a puñaladas.

Lo que actualmente entendemos por «trabajo enajenado» y por «plusvalor», en ese momento no había sido desarrollado. Estas categorías no podrían haber sido desarrolladas «a priori», sino que para su desarrollo primero tuvo que haber una «experiencia sensible» y esta fue aportada por la primera generación del proletariado industrial.

La moral de combate del estado en armas se volvió un alimento balanceado para las filas obreras, que era devorado con un apetito voraz, mientras que para los vigilantes, la incertidumbre de esos escenarios era un “puñetazo derechito por el lado del ojo”. Para el «sujeto», en cambio… no. Porque para él, la incertidumbre era un manjar que quedaba muy bien si era acompañado con su particular interpretación del Himno Revolucionario, en la que imprimían su sello lingüístico cuando en algunos silabeos se deslizaba el característico acento gutural del dialecto germánico estremeciendo a todo aquello que fuera «ajeno» a la asamblea.

Unos silbidos ensordecedores se apoderaron de la atmósfera cuando la masa respondió, oportunamente, a quién hacía uso de la palabra cuando tiró la sugerencia:

 

–“En los girondinos no se puede confiar ni tantico así… ¡Nada!”.

 

Y en seguida propuso que se retome el ejemplo de internacionalismo y solidaridad, que en 1792 surgió en una sociedad de correspondencia londinense, por iniciativa de su referente Thomas Hardy, zapatero de oficio y autóctono de Escocia, expresado en un “mensaje de simpatía” con el nuevo régimen, y que se trató de la primer publicación obrera de la que se tenga registro.

Por supuesto que en la Inglaterra de ese período tal cosa constituía un delito penal, y estaba marcada por un estado disociado, en el que la casa Hannover intentaba mantener el control político del estado, mientras que la política económica era la de mercado, lo que volvía a las clases dominantes muy susceptibles a garroteras crónicas cada vez que visualizaban al Palacio Herrenhausen hecho un cenicero de tucas, como la Bastilla.

Para esos Internacionalistas, que fue la última generación obrera de oficios y la inmediatamente anterior a la que se conoce como «Ludistas», el efecto placentero de ser testigos de la caída revolucionaria de la nobleza autodenominada “delegación de Dios en la tierra” quiénes repetían como mantra que “si tiene usted algún lugar para las dudas: solo tiene que anunciarse en la mesa de entradas y permanecer atento, porque enseguida lo vamos a llamar para asegurarnos de que sean evacuadas”.

Su satisfacción al enterarse de la caída revolucionaria de una monarquía fue tan gratificante, que al momento de enfrentar sus condenas ni se mosquearon… para aquella generación proletaria, no podría haber ninguna otra «experiencia sensible» con un alcance superior a la que tuvieron cuando en los locales políticos de los revolucionarios franceses, ya se exhibían como taxidermias las cabezas de la realeza borbónica todavía con sus gesticulaciones intactas desde el momento que fueron arrastrados por «el amo absoluto» hacia todo aquello que es «ajeno» a la vida.

Y luego de hacer una referencia al fracasado intento de usar sus condenas como un disciplinamiento ejemplar, producto de la torpeza especulativa de juristas pertenecientes a la nobleza endogámica de Inglaterra, aquellos protoproletarios modernos fueron transformados en los mártires internacionalistas que habían dejado claro un ejemplo del rumbo a seguir. En ese momento, la pieza que orgullosamente entonaba el cuerpo del «sujeto», se transformó en un Haka que apuntaba hacia los represores, provocando un verdadero estremecimiento en todo el cordón represivo.

 

(Había mucha euforia, mucha emoción).

 

Porque si los peajes feudales eran un impedimento para poner el cuerpo, la tarea que inmediatamente debía ocupar el primer lugar en el orden de prioridades, era la de declarar públicamente que:

 

–“su origen étnico es germano, y que es también un dato secundario…. porque lo esencial no se hallaba en los berretines nacionalistas que el pánico de la nobleza renacentista improvisó, sino en que acuerdan de forma incondicional con el proceso francés, y con cualquier otro que se proponga organizar la caída revolucionaria del régimen feudal”.

 

Y continuó:

 

”¡Aunque nos censuren y nos lleven en cana!

 

(Estalló el pogo).

 

Y antes de que se pase a la votación, soltó una frase con la que tuve un “efecto Mandela”, de que era un apotegma del Martín Fierro (primera parte), pero que al final no… nada que ver:

 

–“¡Antes muertos que esclavos!”

 

Exclamó el orador cuando la predisposición a reflexionar sus inquietudes con «el sujeto transformador» en el que ocupaba la función de retórica, ya se había superado a sí misma, pero no ya segundeada por la manifestación en su impronta física, con la que había subido. Porque gradualmente se había ido sustituyendo por una postura viciada de incorrecciones, y de desproporciones anatómicas, una postura que durante la mayor parte del día lo relacionaba con su ocupación, y que también, alimentaba su «reconocimiento» desde la masa.

Fue ineludible que «la cara de vaca» se dibuje en el rostro del que creía haber hallado una grata actividad para hacer tiempo, y la razón no había sido por su proximidad a la estrategia de los girondinos, ya que entendía a ese jacobinismo en un contexto histórico en que los territorios habitados por germanoparlantes todavía no se llamaba “Alemania”, y que el nombre Robespierre, en la entonces Confederación Germánica, era equivalente a un “Libertador José de San Martín” para Chile y Perú cuando cruzó Los Andes. Aunque sin uniformes, ni caballos, ni mulas, ni burros, ni tampoco las ambigüedades que por naturaleza tienen los paramédicos de las instituciones romanas que invocan al simbolismo de las nacionalidades como la orientación necesaria para garantizar el interés común.

«El tercer estado» también inspiraba un sentido de pertenencia, y se construía respetando el principio de la «autodeterminación», una virtud que halla su lugar cuando lo que construye el «sujeto ya no es para otro, sino que es para sí». que dicho en su jerga: es «para la banda», porque de la misma manera que el continente africano es la cuna de la humanidad, Francia es la cuna de la Revolución, del pogo panki, de la cresta, de los berretines antigirondinos y, naturalmente, también la cuna de los berretines antirrolinga.

Una vez en el taller, y siendo consciente de su indisimulable gestualidad, se encontró con un inflexible artista que no estaba dispuesto a “retocar algunas facciones”, porque no era un dibujante azaroso, sino que era un “retratista especializado en carnets” y que la calidad de sus trabajos se debía a la fidelidad con el aspecto real de los rostros, y que era algo tan innegociable como la reprogramación de su turno debido a su “voluminosa cartera de clientes”.

Ante las negativas, y sin tener otra opción más que ceder (de nuevo) a insistencias opuestas a su deseo, Jorge Guillermo Federico Hegel ese día fue retratado y se convirtió en el portador del título de «filósofo más vidrioso del catálogo».

Autor: Luis Martín Arias – Ex Obrero Metalúrgico – Oficio: Herrero -  Ciudad de Córdoba.

Participó en el  16° Concurso Sin Presiones “Expresión escrita la salud de lxs trabajadorxs

Organizado por el Instituto de Salud Laboral y Medio Ambiente (ISLyMA) – Córdoba 2025

                                                                                                                                                                                               El jurado expresó:  Relato pródigo en personajes y datos históricos, escrito con un estilo entre erudito y coloquial. El perfil en clave humorística de un filósofo idealista, situado en el contexto de la Revolución Francesa como germen de la organización proletaria europea y universal.

 

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