Título: No quiero una pancarta con tu nombre
“De casualidad no tendrás un cargador de celular de ficha chica?”.
La que preguntaba era Mimi, una compañera de trabajo, pero de otro servicio. “Es para cargar el botón antipánico”. Por un minuto no supe qué contestarle.
Nunca había visto uno de esos aparatos.
Me lo mostraba en su mano extendida. Era un celular de los de antes, pequeño, de los de botones. “Te encargo, si alguien tiene para prestarme. Voy a estar en el comedor”.
Pregunté por las salas a ver si alguno de los pacientes internados o algún familiar tendría uno. Cuando lo conseguí y se lo alcancé llegué a escuchar lo que hablaba por teléfono. “No hija, no. Vos quedate tranquila. Él no va hacer nada de eso que dice. Habla por hablar…” La toqué en el hombro para no interrumpirla, le mostré el cargador, se lo dejé en la mesa y me fui.
Mientras seguía trabajando no podía dejar de pensar en Mimi. No tenía idea de que estuviera pasando una situación así. Me hacía preguntas imposibles. ¿Cómo se puede vivir así? Siempre en peligro, siempre con miedo. En todo momento y lugar. Con ese ahogo. Con esa opresión en el pecho y la garganta. Aun cuando ya hayas dicho basta. Aunque hayas salido de ahí. Sin que se termine nunca.
Y no son sólo amenazas. Todos lo sabemos. También Mimi, su familia, y todos los que vemos las noticias. No pasa un solo día. Un femicidio cada treinta horas.
A cuál más cruel. A cuál más espantoso.
Los caminos de la impunidad son muchos. Los de la prevención muy pocos. Los del odio se multiplican.
También pensé que debe hacer casi diez años que nos cruzamos por los pasillos, y ni siquiera sé su nombre completo. Pero no quiero saberlo por un anuncio en el reloj de marcar. No quiero leerlo en el diario. No quiero ver una foto de la próxima marcha NI UNA MENOS y descubrirla en una pancarta. Y reconocerla. Y atar cabos. Y sentir como un golpe en el estómago cuando me dé cuenta que la conocía.
Cuando llegué a casa busqué por cada rincón. En algún placar o cajón encontré un cargador viejo. Y lo tengo siempre en mi mochila.
Pero que frustración y qué bronca que sea lo único que ahora pueda hacer por Mimi.
Autora: María Cecilia Ibarra – Enfermera Hospital Rawson – Ciudad de Córdoba
Participó en el 16° Concurso Sin Presiones “Expresión escrita la salud de lxs trabajadorxs
Organizado por el Instituto de Salud Laboral y Medio Ambiente (ISLyMA) – Córdoba 2025
El jurado expresó: Fuerte denuncia de lo que pasa por las cuerpas de quienes han padecido violencia de género intra e inter familiar y el “desconocimiento” de propios compañeres de las situaciones atravesadas por las víctimas. Un “llamado” a la sororidad, empatía, compromiso con todas y cada una de las víctimas.