Título: Me pidieron zapatillas 37
Llego a horario a mi trabajo. Nada diferente al resto de los días, sólo que de la institución se encuentra saliendo una mujer que saluda a mi coordinadora y entonces…
Juana: – Hola… ella es Mary… (me saluda y la presenta) …Vino a dejar algunas cosas que Paola quiere donar para las mujeres, ya que no le harán falta. ¿Te acordarás que te hablé de ella?. Es una de las chicas que hace senderismo conmigo.
Saludo a Mary con el ímpetu que surge cuando alguien es muy apreciado por quien conocés pero no tenés ni idea de su vida y nada que ver con ella. Aún así la consideración y el tenerla en cuenta no falta, hasta te da cierto agrado de vincularte con alguien que tiene algo que ver con quien compartís todos los días en tu trabajo.
En un abrir y cerrar de ojos, Mary se retiró.
Pasé como siempre, dejando mi portafolios, mi abrigo y me dispuse al inicio de mi jornada. Busqué las historias clínicas de mis asistidas para iniciar la tarea que tocaba.
Una vez que ya tenía lo necesario para empezar, aguardo. Pasa el tiempo y mi primera consultante no viene al turno asignado. Suele suceder que a último momento no recordaron su reserva porque hay que llevar a los hijos al médico, se rompió un caño, las bajas temperaturas para trasladarse con el bebé, coincidió el turno del oncólogo con el que habíamos convenido y no asisten. Me entero varios días después de las razones. No quieren faltar ya que valoran el trabajo conjunto, pero no pueden asumir todo lo que se les demanda por el hecho de ser mujeres. Nada infrecuente.
El pequeño espacio que se consiguió por convenio para que podamos prestar nuestros servicios de salud, nos facilita advertir cada cosa que sucede, más cuando dentro de tus habilidades está el tratar con mucha gente y laburás escuchando, observando, contemplando, atenta a las necesidades de los demás.
Resultó que Mary había trasladado hasta nuestro lugar varias bolsas y cajas que contenían ropa, utensilios, calzado y algunas cosas más que podían serles necesarias a las mujeres que ayudamos a que tengan un mejor bienestar en su vida a nivel general. Muchas de ellas emprenden una vida nueva, nuevos proyectos laborales y por ahí deben mudarse, esperan un hijo, necesitan adaptar su vida por una enfermedad terminal y a veces sus hijos rompieron las zapatillas, van a clases y requieren de una mochila o simplemente ya hacen falta sábanas.
Marina, mi compañera, finalizaba la tarea y en un rato se iba a descansar con el cambio de turno, no sin antes haber ayudado a apilar lo que trajo Mary en la oficina contigua para que no molestase e interrumpiese a nadie el tránsito.
De pronto se oyó a Marina: – Necesito encontrar unas zapatillas 37 que me ha pedido Sofía. Hace bastante dice necesitarlas. Capaz ahora que llegó esto …hay. Se retiró hacia el espacio de lo recién llegado y comenzó a revisar bultos y cajas.
No tenía más que espera y siendo así además debido a la curiosidad que me generaba lo adquirido, me acerqué y dije… veamos.
Que hermoso es cuando podés ayudar a alguien, no te es indiferente que pase frío, no tenga que ponerse para andar y disponés de tus cosas, las renunciás, restaurás, limpiás para ofrecerlas a quien pueda darle un uso, utilidad.
Era mucho lo recibido y no tiene que ver con la tarea que desempeñamos pero sí con el ropero que siempre tenemos a la mano para la emergencia, no obstante había la oportunidad de ponerle atención.
Lo que impactó al principio fue el perfume del suavizante, el orden y el cuidado de lo que se había traído. Empezamos a buscar, desarmando, abriendo lo que primero se veía. Marina al tomar la delantera, luego de sacar algo, lo mostraba y se escuchaba de su parte …son sandalias 40.
Al seleccionar una de las cajas, la abre y en un rincón se veía, junto al calzado, una lata pequeña. Aquella tenía tapa, era de color plateado y se notaba que le habían retirado la inscripción para lo cual servía. Parecía de barniz. Era pequeña. ¿Y eso? Dije.
Martina: – Debe ser de pintura seca, dijo, restándole importancia. Cerró la caja para continuar buscando.
A ver… le dije. Quiero saber que tiene la lata…
Al principio la agité para tener noción de qué habría. Realmente sonaba como pintura seca que pegaba en el envase. En vez de cooperar con mi compa, la llevé a un costado y acerqué cuchillo, cucharas que sirvieran para abrir. No sé porque me ocupaba de eso. Capaz me dejaron plantada y yo no puedo contra mi curiosidad. Ya en la mesada que usamos para dejar las viandas o las tazas para el mate cocido, hice fuerza con el cuchillo aunque solo lo doblé. Mi coordinadora a dos metros se encontraba muy sumergida en realizar el informe del parte del día y por ahí preguntaba…: -¿Y?, …¿hay del número 37?.
Tomé la cuchara, hice fuerza, presioné y se abrió. Jamás…creo que nadie está preparado para ir al trabajo un día y en una lata encontrar lo que yo. No podía sostenerla.
En ella yacían un fajo acomodado de manera circular bordeando el interior de la lata diría que al menos cien billetes de color verde. Si te arrimabas para ver…había de diez, de cien. Me pareció que se me bajaba el azúcar y sentí como si adentro hubiera una serpiente. Me paralicé. Segundos después como pude caminé como en el aire hasta llegar a donde Juana seguía escribiendo. Suavemente dejé la cajita de pandora que tenía, en su falda, y con una voz que casi no me salía, le expresé… vas a tener que llamar a Mary… ¡mirá lo que hay!…
Juana dio un grito y dijo: – ¡No!. Llamó a Martina para que viniera y de repente éramos tres, alrededor de un recipiente insignificante simplemente contemplando, mudas.
Ninguna se atrevió a meter en ningún momento la mano en la latita ni para tocar o si fuera sacar nada. Sólo mirábamos azoradas.
Juana comenzó a llamar a Mary, por video llamada. Nosotras como niñas cuando llega navidad al costado expectantes. Cuando Mary le atendió Juana dijo:- Vas a tener que venir a buscar algo. Mary a su vez: – ¿Qué?. Juana siguió: – ¿Estás sentada?, y cuando Mary asintió le mostró con la cámara del celu y le explicó así de la pesquisa que hicimos.
La respuesta que dio Mary, nos re divirtió. “¡No puede ser!”, dijo. Ya le aviso a Paola y voy de nuevo para allá.
Pasaron 45 minutos y Mary llegó. Gritaba… “¡no!”. Se agarraba la cabeza. Al pasar a la oficina generó la llamada para Paola, con el mismo método y precauciones que había hablado Juana con ella anteriormente.
Esta vez éramos más rodeando la lata y el teléfono.
Finalmente, del otro lado Paola nos decía: “¡Ay! …¡cómo se me pasó no fijarme!. Esos son ahorros que desde hace 10 años con mi marido tenemos para acercarnos a comprar un terrenito. Son diez mil dólares. Gracias por avisar. Mary, tenelos y cuando nos juntemos me los das.”
Mary se retiró llevándose la latita y nosotras al unísono pensábamos que como trabajadoras del estado que somos no tendríamos otra tan tremenda oportunidad de ver esa cantidad de dinero junto ni en diez años.
Así y todo nuestro trabajo que nos deja un gran impacto en la psiquis, en el cuerpo, nos da la oportunidad aún sin ganar el mínimo, de no olvidar de ver siempre al ser humano que tenemos en frente y ponernos en su lugar.
Ni quieran saber que nos dijeron en nuestro entorno cuando contábamos la travesía que nos tocó.
Nadie supo antes que ahora. Teníamos conocidas que nos pedían los datos para compartir en redes sociales como usualmente se hace en el día de hoy.
Paola habló con mi jefa y le ofreció una recompensa y fue aceptada por ella. Luego nos la transmitió. Juana nos hizo saber que le había pedido a Paola el machimbre necesario para tapar la humedad de los consultorios. Así recibimos a nuestra gente de una manera más confortable. Ya logramos que Paola nos lo otorgue.
Ah… no encontramos por ningún lado zapatillas 37 pero sí la organización de siempre, en equipo y el orgullo de ocuparnos de la tarea de manera cabal, con integridad y dignidad.
Autora: Sandra Mariel Cáceres – Asistente en Psicología Polo de la Mujer Sede Punilla. Cosquín Córdoba
Participó en el 16° Concurso Sin Presiones “Expresión escrita la salud de lxs trabajadorxs
Organizado por el Instituto de Salud Laboral y Medio Ambiente (ISLyMA) – Córdoba 2025
El jurado expresó: Una trabajadora de salud nos relata las vicisitudes que atraviesan en su lugar de trabajo junto a un equipo organizado que apunta a la integralidad y el compromiso.