Primer Premio 14° Concurso “Sin Presiones” Expresión escrita de lxs trabajadorxs

Título: “El hambre y las ganas de comer. Dos relatos cortos de procesos largos

Introducciòn : Los siguientes son recortes de una jornada laboral llevada a cabo en dos hospitales situados en la Ciudad de Buenos Aires. Hospital Nacional, Hospital Municipal.

Musicoterapeuta y Trabajadora Social  – planta y residencia.

ángel-botello-madre-e-hijo Relato A o el hambre

 

Jueves 22 de junio, 11:39 hs. me llega el mensaje de whatsapp de Gisela1 , mamá de Leòn (9 años), avisando que está llegando tarde (“como siempre”, pienso). Le respondo que hasta las 13 estamos (**) . La había citado a las 11:30, como cada jueves a las entrevistas en el Servicio Social. Hace un mes que su hijo está viviendo en un Hogar Institucional a pedido de ella misma, refiriendo que era un momento muy difícil y que necesitaba la ayuda del Estado, que no contaba con nadie más. Desde ese tiempo venimos trabajando sobre preguntas que aparecen en relación a la crianza y a las expectativas sobre el niño.

11:45 escribe por el chat grupal(***)  la psiquiatra, compañera del equipo interdisciplinario del que formo parte, contando que la noche anterior el niño se habìa escapado del Hogar, que no saben dònde està y que desde el hogar y la Defensoría de Niños, Niñas y Adolescentes (NNyA) llaman al teléfono de Gisela, pero no pueden comunicarse con ella. Pido ayuda a mis compañeras en Servicio Social para pensar qué hacer, Gisela estaba en camino y no quería ser yo quien le transmita que no sabíamos donde estaba su hijo. Intento llamarla y ya no me puedo comunicar. Le dejo un mensaje avisando que desde el Hogar institucional la están llamando, que vaya directamente hacia allì, y espero.

Luego de transcurrido un tiempo abro la puerta y les veo a ambos sentados en el banco de madera del pasillo del Servicio Social, esperando. Me siento aliviada. Escribo en el chat grupal y pido ayuda a las compañeras del equipo interdisciplinario. Viene la musicoterapeuta del niño para la entrevista conjunta.

Leòn nos cuenta que la noche anterior cuando todos dormían, incluso “los niños porque si no avisan”, se fue del hogar, que tomó un colectivo hacia la casa donde se encuentra su mamá. “¿Y cómo viajaste?” le pregunta su terapeuta, “le dije si me dejaba viajar gratis porque no tenía sube”. Dice que no quiere volver a “ese lugar” refiriéndose al Centro de Atenciòn Transitoria (CAT), que quiere vivir con su mamá. Le pregunta a Gisela adelante nuestro si puede vivir con ella y responde que “sí, claro”. Ella refiere que cuando llegó a la casa estaba en remera y hacía frío, lo baño, le cortó las uñas de los pies, le dio de comer y lo acostó para que descanse. También cuenta que apagó el teléfono y lo prendió al día siguiente para avisarme que llegaba tarde y lo apagó nuevamente. Vino al hospital a pedir ayuda porque no sabe qué se hace en estas situaciones.                                                                                                                                                    Le digo que nosotras (el equipo “tratante”) íbamos a tener que avisar a la Defensoría de NNyA, a la escuela, y al hogar; que lo estaban buscando; que los adultos nos asustamos porque no sabíamos dónde estaba. Le digo también, que la decisión que se tome no depende de nosotras. Le preguntamos porqué no había pedido en el hogar que querìa ver a su mamá, nos respondió que no lo hizo porque “no me iban a hacer caso” (y “tiene razón”, pensè). Durante todo ese mes se pidió aumentar las visitas a más de una (de una hora y media) por semana y no obtuvimos respuesta. Gisela refiere que el niño tiene el cuerpo lleno de marcas. Direcciono hacia consulta pediátrica y luego esperar a la psiquiatra del niño, con quien tiene su consulta pautada a las 15 hs como cada jueves, y así ganar tiempo.

14 hs. (mi horario de salida) llamo a la Defensorìa, me dicen que tengo que llamar a la guardia del Consejo de Niñas, Niños y Adolescente, le digo que estoy hablando con el equipo que lleva el caso de Leòn de la Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes (que es la oficina descentralizada del Consejo). Me dicen que esta es una situación de urgencia y que yo tengo que informar a la guardia y retener a la madre y al niño, que de ninguna manera podemos dejarlos ir del hospital. Le digo que yo ya los derivé a la consulta pediátrica, y luego con la psiquiatra, que mi horario de salida es a las 14 hs y que por eso le estoy informando a ella, que es quien conoce el caso desde el Consejo. Ahí ya me dice a los gritos que ellos no son urgencias y que entonces yo los dejè ir, que me va a denunciar al juzgado y corta la comunicación telefónica. Con mis compañeras trabajadoras sociales vamos a hablar con el equipo interdisciplinario del departamento de urgencias del hospital (trabajador social, psicóloga, pediatra y jefa de guardia). Acuerdan con nuestra mirada respecto de que el niño no presenta riesgo cierto ni inminente, y que sì lo es que se exponga a la vía pública, sólo y de noche. Nos dicen que hagamos el informe nosotras que conocemos la situaciòn y que ellos acompañan con un informe desde la guardia para avisar al Consejo, que este hospital no tiene internaciòn pediàtrica y la guardia no es un lugar para que sea habitado por un niño (dirìa que tampoco por un adulto).

Registramos en el sistema informático de Historia Integral de Salud esta línea de trabajo y con la musicoterapeuta del niño vamos informarles que se pueden ir del hospital, que les esperamos al día siguiente para la sesión habitual de musicoterapia de León y entrevista psicológica de Gisela. Que si el Consejo quiere internarlos, que lo busquen ellos, pienso. Caminamos por el pasillo en donde encontramos a las otras dos compañeras del equipo tratante (psiquiatra psicoanalista y psiquiatra de niñes), una de ellas pregunta “¿qué respondió el Consejo?” y agrega que no se pueden ir sin que el Consejo autorice. Lo que había acordado con el equipo de Guardia del Hospital es que íbamos a avisar al Consejo, no a esperar su respuesta, como equipo de salud tenemos nuestro propio criterio, que “van a patalear”, pero que no pueden sancionarnos.

Ante la pregunta de la compañera las otras dos dudan y yo ya sabía, porque las conozco, lo que seguirìa a continuaciòn, horas interminables de trabajo ejecutando lo que dictamina un organismo que desoye. 17 hs me voy.

Ese dìa sueño que con una compañera vamos en auto por la ruta, a los costados verde, como si estuviéramos de viaje. En un momento vemos a los lejos que en el medio del camino hay una especie de campamento, como si una comunidad estuviera de picnik. Sobre el asfalto veo acostados a unxs niñez, uno màs bebè y una niña un poquito màs grande. Estacionamos a un costado y nos bajamos. A los lejos veo que viene un camión gigante, de esos con acoplado, alto, ruedas cuàdruples, viene a toda velocidad sin ver a los niños en el piso. No entiendo como la comunidad toma la ruta como descanso. Corro y levanto a los niños, el camión viene con todo, frena de golpe y queda transversal obstruyendo el camino.

Los viernes yo no trabajo en el hospital, voy a anàlisis en donde reconstruyo la secuencia y lloro de bronca y angustia. El lunes siguiente veo en el chat grupal de Leòn 320 mensajes. Leòn se quedó internado en la guardia, el viernes fue hospitalizado en otro efector. El sábado fue a visitarlo una compañera, el domingo otra. El sigue diciendo que quiere vivir con su mamá. A Gisela le dieron restricción perimetral por 90 días.

*Todos los nombres se encuentran ficcionalizados conservando resonancias de los originales.

** En realidad estamos hasta las 14 hs, pero intento transmitir un encuadre por ser una situación caracterizada por cierto desborde.                                                                                                                                                                                   *** Se trata de un chat en el que nos comunicamos por la situación puntual de León, también estamos en otro donde está el equipo ampliado con residentes, concurrentes, becarias y colaboradora docente; y otro donde sólo estamos aquellas de “planta”. En total he llegado a contar veinte chats grupales por situación de trabajo con diferente cantidad de mensajes que pueden llegar a enviarse fuera de horario laboral y fines de semana inclusive 

Relato B o las ganas de comer
Fragmentos de un día de guardia en salud mental.             
Lunes de 8 a 20 hs.

 

17:15h. Nos encontrábamos en el patio con un compañero enfermero y Fede, un usuario que había ingresado a sala de observación de guardia por consumo problemático e ideación suicida, y que en ese momento manifestaba una crisis de ansiedad. La psiquiatra adelantó la medicación de la tarde y nosotrxs dispusimos de un tiempo de pausa, contención verbal y sonoro-musical que lograron apaciguar la urgencia.

En un momento, irrumpe Sandra, una usuaria que había revocado su internación el día anterior y que al no haber sido reingresada ni medicada, comenzó a gritar con voz ronca mientras lloraba. En medio del pasillo, insultaba a su equipo y a la vida a los cuatro vientos, golpeaba las paredes y daba vueltas en su silla retorciéndose. Parecía que gritaba con todo su cuerpo desde las entrañas, empapando todo el pasillo y el patio.

Ante esta escena, Fede nos solicita retirarnos, por lo que vamos hacia el otro patio que se encuentra alejado de los gritos de Sandra.                                                                                                                                                            Continuamos acompañando a Fede hasta que solicitó volver a acostarse.                                                                            18:15h. Compartimos la situación con el equipo y evolucionamos la historia clínica.                                                  18:30h. Luego de que su equipo se retirara, Sandra se acercó a la guardia en un buen “tono” a pedir medicación. Salí a hablar con ella, o más bien a escucharla. Sandra comenzó a expresarse en torno a lo ocurrido. Su tono de voz era lento y entrecortado. A medida que avanzaba su discurso, la rugosidad, densidad polifónica y cronométrica del sonido de su voz fueron en aumento al igual que la intensidad.                                                                                                                    Intervine resonando en silencio, escuché en silencio, abstinente de interpretar el contenido semántico de su discurso y acompañé su descarga con algunos gestos sutiles de aprobación.

La densidad cronométrica, polifónica y la intensidad disminuyen, pero no cambia el tono o el contenido temático del relato.

En medio del llanto, la saliva y las palabras Sandra nombró a un escritor. Tomé esto como una posible variación, una oportunidad de introducir un desvío hacia algo del orden de lo creativo, de lo vital…                                                            Mta: ¿te gusta escribir?                                                                                                                                                  Sandra volvió a aumentar los parámetros sonoros mencionados, elevando el tono de voz, diciendo a los gritos que no quería escribir, que no quería nada y que no tenía nada para expresar. Rechazó la variación que intenté introducir, desistí de intervenir. (me rindo, pensé.)

La miré sorprendida y le dije que me parecía que sí tenía algo que expresar, que estaba expresando muchísimo enojo, que era entendible y que estaba bien. Nos quedamos un momento en silencio.                                                                    (…)                                                                                                                                                                                            Sandra se apaciguó e introdujo una pausa y un desvío, cambió de tema:                                                                        “¿vos que sos?¿médica?” (Sic)                                                                                                                                                En mi respuesta introduje una variable cómica, lúdica en la forma y el tono de la respuesta.                                                Mta: Adiviná… no lo vas a sacar ni ahí, digo sonriendo.                                                                                                    Ella entró en sintonía. Sonrió conmigo y comenzó a adivinar.                                                                                            Cuando le digo que soy musicoterapeuta cambió su semblante, su mirada y apareció una otra versión de Sandra. Su dimensión sensible, su ser sujeta de la cultura, su dimensión vital. Hablamos de música, de su padre guitarrista, sus hijos músicos, de Charly, de Oliverio Girondo, de sus escritos, de sus pasajes por los espacio de musicoterapia en el Moyano. En medio de la conversación enuncia que ella es un caso difícil.

Respondí: sos una persona.                                                                                                                                                  Sandra: No!, dice ella, “soy un caso complicadísimo” (sic).                                                                                                    (Mis compañeros me llamaron para que me retire de la escena, eran 19:45h y urgía dar cierre a la guardia).                      Le comenté que tenía que retirarme.                                                                                                                                    La miré y le dije: me parece que al final vos sos una poeta, no?                                                                                          (…)                                                                                                                                                                                            Sandra se quedó sin palabras, parecía sorprendida de mi comentario.                                                                                  Al despedirme la sentí conmovida. Compartió conmigo espontáneamente el fragmento de una canción que le quedó resonando luego de nuestro encuentro de pasillo.                                                                                                                  Agradecí el gesto amoroso de su canturreo y nos despedimos.

Julieta Miño y Nazarena Alegre                                                                                                                                            Musicoterapeuta Residente y Trabajadoira Social – Hospital Nacional y Hospital Municipal                                        CABA 

Primer Premio del 14° Concurso  SIN PRESIONES  Expresión escrita de lxs trabajadorxs                          Organizado por el ISLyMA , 24 de agosto de 2023

El Jurado Expresó:  Dos relatos muy bien narrados. El hambre marca las horas de un día interminable de trabajo donde se juega el afecto, el apego, la lucha, el desentendimiento, la duda, la sordera de una burocracia absurda y el esfuerzo rodeado de ternura política de una trabajadora. Las ganas de comer nos coloca en los pasillos y en las salas de un hospital psiquiátrico y nos muestra las intervenciones desesperadas de los profesionales que trabajan allí.                        Una humanidad, y otra, y otra que aparecen en este relato conmovedor y entrañable, lleno de intentos.

 

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